Diseño óptimo de espacios educativos

 

Septiembre es sinónimo de vuelta al cole. Lo alumnos regresan a las aulas. Y en este curso académico, más que nunca. Con la sombra de la pandemia aún a la espalda, lo cierto es que la normalidad se antoja cercana y la presencialidad en las clases impera. Para volver, lo mejor es contar con un diseño óptimo del espacio educativo y sobre eso es de lo que vamos a hablar en este artículo.

Los protocolos de seguridad para la prevención de la Covid-19 siguen estando activos y a pleno rendimiento con idea de que el retorno a las clases esté siendo seguro tanto para alumnos como para el profesorado. Estos tiempos cambiantes nos han enseñado que es necesario acometer la transformación de la educación. Con esto nos referimos a aplicar nuevas metodologías de aprendizaje, diseñar nuevos espacios e integrar la tecnología y la digitalización en el proceso de enseñanza.

Nosotros, como no puede ser de otra forma, queremos centrarnos en estos nuevos espacios de formación. Para ello vamos a basarnos en la guía de Actiu titulada El viaje de la educación. En esta se incide en que los modelos tradicionales han quedado obsoletos con la irrupción de las nuevas tecnologías, así como las nuevas formas y canales de comunicación derivadas de ellas.

Además, por encima del conocimiento, el mundo laboral empieza a solicitar el pensamiento innovador, la capacidad de resolver problemas como valor primordial, y, por lo tanto, también la creatividad necesaria para producirlo. Centrar los esfuerzos en el aprendizaje de competencias, es decir, aplicar el saber aprendido.

La innovación en procesos, la búsqueda y fidelización del talento y la tecnología han provocado un cuestionamiento de los métodos pedagógicos tradicionales, y, a su vez, un replanteamiento de los espacios educativos. Los espacios monofuncionales, segregados, invariables y rígidos deben dar paso a entornos multifuncionales, horizontales, integrados, adaptables y flexibles.

Para crear espacios que potencien estos paradigmas y contribuyan al aprendizaje, los expertos coinciden en la necesidad de que los nuevos entornos reúnan entre sus principales características aspectos como la flexibilidad del mobiliario, tecnología y conectividad, intercambio de conocimiento o autonomía entre sus usuarios, entre otros aspectos.

 

«La formación ha evolucionado y el mobiliario también, adaptándose a los espacios formativos, ya sean domésticos, presenciales, virtuales o híbridos, y aportando una solución ergonómica y ágil, capaz de acoger dispositivos electrónicos y multimedia y de mejorar la experiencia del alumno y del profesor»

 

Las medidas de distanciamiento social derivadas de la crisis sanitaria han hecho necesario recurrir a modelos de educación híbrida, que combinan el aprendizaje en los centros educativos y en los hogares con la ayuda de la tecnología.

El presente pasa por entornos flexibles que permitan agrupaciones múltiples, distintos usos y la aplicación de metodologías variadas. Avanzamos hacia el fin del concepto ‘aula’ como un compartimento estanco. La clase de Informática, de Música, de Plástica o el Salón de Actos que se usa una vez al trimestre para la función de teatro perderán el sentido de un único uso para integrarse como un todo en el espacio educativo, en el que se incluyen, además, los pasillos y otras zonas comunes que dejan de ser lugares de paso para convertirse espacios donde trabajar en grupo, donde leer, compartir o descansar.

La organización del aula ya no es una cuestión estética, ni tan solo meramente práctica o funcional. La forma en la que se distribuyen las mesas condiciona completamente el tipo de relación que se establece entre profesionales y alumnos, entre los mismos estudiantes, y entre ellos y el aprendizaje.

La tendencia actual es la de diseñar nuevos espacios educativos que buscan establecer un nuevo diálogo con el entorno, construir espacios que acompañen a los procesos de cambio en la enseñanza de los centros actuales. No existe un diseño único, acertado y que garantice un mejor aprendizaje de los alumnos. Por ello, cada centro debe generar aquellos espacios que respondan a su identidad y a las necesidades de su comunidad.

Los centros educativos se tienen que convertir en organizaciones inteligentes para dar respuesta a los retos de la sociedad. Organizaciones con un profesorado comprometido, capaz de aportar, de generar conocimiento. Centros conectados con el entorno que sepan dar respuesta a sus problemas y conectados con el mundo, para poder proporcionar al profesorado y al alumnado ese componente internacional imprescindible.

Este cambio organizativo tiene que ir acompañado de una transformación de los espacios. Los centros están organizados a nivel arquitectónico a través de espacios estandarizados: aulas de teoría, talleres, laboratorios, aulas de informática con equipos de mesa conectados a la red, biblioteca y departamentos de profesores por especialidad.

Los espacios actuales no dan respuesta al trabajo por problemas o retos, donde se requieren estructuras y entornos flexibles y transversales para que los profesores puedan colaborar desde sus diferentes especialidades, donde el alumnado pueda trabajar con sus equipos portátiles, donde el horario no esté limitado a sesiones, donde la conectividad es clave y donde la tecnología ha de estar al servicio del aprendizaje en cualquier lugar del centro.

El aprendizaje requiere de superficies de trabajo verticales y horizontales que sirven de apoyo a la formación, a partir de un concepto de máxima movilidad. Es esencial que todo producto destinado a espacios de formación sea ágil, dinámico y transportable y que lleve ruedas. Y su prioridad debe ser que las personas se sientan cómodas.

Deben tenerse en cuenta dos aspectos a la hora de equipar esos espacios. El primero es la importancia de dotar a los espacios híbridos de elementos que respalden la formación: mesas, sillas, separadores, paneles que acojan dispositivos multimedia, etcétera. El segundo es asegurar una sentada ergonómica.

Así, las sillas de formación ya no se conciben como sillas de colegio sino de trabajo y, por tanto, deben asegurar una sentada cómoda en cualquier posición que pueda adoptarse sobre esta.

En conclusión, la formación ha evolucionado y el mobiliario también, adaptándose a los espacios formativos, ya sean domésticos, presenciales, virtuales o híbridos, y aportando una solución ergonómica y ágil, capaz de acoger dispositivos electrónicos y multimedia y de mejorar la experiencia del alumno y del profesor.

 

¿Qué te ha parecido el artículo? La vuelta al cole más segura y con el mobiliario y el diseño del espacio educativo más adecuado.

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